EXPERIENCIA DE APRENDIZAJE DEL PROYECTO

...En introductorio (curso de anteproyecto introductorio) se debería aprender a entender la diferencia entre proyectar y simplemente “hacer”, aunque, obvio, es el lugar donde se empieza a hacer.
En primero (curso de anteproyecto primer año)deberíamos enseñar a, una vez en la conciencia del “proyectar”, reconocer los instrumentos elementales, o básicos para manejar los problemas de arquitectura.. Es importante entender el concepto de instrumento y la concepción de “proyecto” como idea que transforma.
En segundo, sabido con más amplitud el concepto de “proyectar” y la básica rudimentaria dialéctica instrumental, deberíamos apuntar a un crecimiento en la complejidad de los problemas y fundamentalmente a entender la habilidad del manejo de los sistemas como habilidad organizativa y jerarquizadora de las partes componentes. Dando por sentado que la concepción de arquitectura, aún hoy, es eso, orden y materia.
En tercero, descontando el aprendizaje de lo anterior, es el momento de montar decididamente la faz más subjetiva e intensa del proyecto y su razón de ser. Entonces experimentar la reflexión de la dimensión pertinente del proyecto y todo el tránsito existencial-ideológico que trasunta y la puerta aun más intensa de la poética de la arquitectura.
En cuarto, se presume transitado el espectro trascendente del proyecto físico objetual y se intenta incluir al objeto en contextos de pares , hasta la dificultad urbana y todo el universo propio que implica, casi como extradisciplina.
En quinto año, y sólo por una razón de completamiento de la tan mentada visualización del arquitecto universal, nos metemos a especular con las escalas abstractas del manejo territorial, más como plataforma productiva y dotadora de sentido social (con su derivadas consecuentes) que como materia plástica pasible de arte y poesía, en el sentido más corriente...

POR AHORA

Por ahora, adhiero a una arquitectura fáctica, ética y poética. Donde sea y como sea.
Fáctica, porque cada vez más vinculo el hacer con la materia y la arquitectura con lo hecho.
Ëtica, porque existen valores que no podemos eludir, y me queda claro que no todo vale.
Poética, porque no me interesa otra forma de hacer en esta vida.
Todo lo mío es el resultado de la incapacidad de poder hacerlo.

PRINCIPIO

La esencia de las virtudes de cualquier Proyecto, está siempre vinculada a la precisión de éste, respecto a los problemas que se propone resolver.
El vínculo más directo entre el problema y su solución, resulta ser el desafío. (Cuanto más cerca, mejor!) Creo que esa proximidad (problema-solución) promueve, en todos los aspectos, la virtud.
Baso parte de esta reflexión, en una afirmación recurrente: entender un problema deviene básicamente en resolverlo.
He pensado estos años en que el arte de proyectar es el arte de resolver problemas (obvio), y en que la capacidad de hacerlo surge inequívocamente de la experiencia, la práctica y la capacidad vinculante del intelecto, la que distingue, clasifica, procesa, evalúa y decide.
Esta definición ensaya un núcleo del proceso proyectual, o al menos una forma genérica que supone que aprender a proyectar plantearía la adquisición de habilidades para identificar, entender y resolver...

APOLOGÍA DEL TALLER

Como sistema de pensamiento, como estructura policéntrica (en contraposición a lo piramidal).
 
El taller es, sin lugar a dudas, el modelo docente por excelencia en la enseñanza del proyecto. Esta operativa se manifiesta como la más hábil manera de producir las sinergias posibles en la didáctica que se ponga en práctica .
Promovería el Taller como un lugar de confluencia intelectual y creativa, transformando cada minuto de experiencia colectiva en un acto docente preciso y holístico; el Taller como el lugar donde cada día se reinstala la definición de la disciplina, donde se transgreden los límites y se confabula por un objetivo común, explícito, y trascendente.
Lo único que debiera ser inalterable en el Taller es la actitud docente en el rompimiento de las rutinas preestablecidas, la apertura de visiones y las innovaciones operativas.
Luego, todo es móvil. Todo está levemente controlado por un proceso precario de avances y propósitos presididos por una prédica constante de las convicciones relevantes, comprometidas y éticas.
Y una responsabilidad docente ligada íntimamente con la mirada colectiva.
En principio y sólo como guía de un comienzo, centraría la práctica docente del Taller en implantar los puntos básicos de reconocimiento de “una manera” de hacerlo. Luego, como forma resultante de la puesta en común de los principios movilizadores, abriría los conceptos descriptos en este ensayo a un colectivo formal, permeable, abierto, sin exclusiones ni primacías, que motorice un Proyecto Colectivo.
Referimos a un proyecto colectivo, vertical y ambicioso, que guíe la experiencia individual de cada integrante del taller (docentes y estudiantes), acompañado por planteos comunes en to-dos los cursos, y profundidades diferentes según cada uno.
Me propondría proteger al taller (como cátedra universitaria) de los avatares cotidianos de la arquitectura en la calle, de los corrillos editoriales, de las modas y tendencias. Provocaría el impulso liberador que es obligatorio como actitud universitaria, y remarcaría permanente-mente que el objetivo de la formación proyectual es construir un intelecto hábil y creativo que incluya la capacidad de transformación, siempre dispuesto a forzar los limites de la mate-ria, los limites de la profesión. Un individuo socialmente comprometido, libre y responsable que asuma el rol que la cultura y la sociedad le depositan.

LA CRISIS DE VALIDACION

En una época en la que aparentemente todo es válido, en la que cualquier propuesta es anali-zada y valorada primordialmente en términos subjetivos, en donde las posturas críticas son casi inexistentes y el relativismo ha producido una parálisis en el debate intelectual, los criterios de validación resultan vagos y las intervenciones reclaman legitimación.
Enseñar en estos tiempos, donde los recursos abundan y los simulacros adquieren llamativa aceptación, supone una delicada exploración de los valores constantes de la arquitectura como servicio .
La crisis contemporánea de los modelos y referentes de las lógicas proyectuales, según R. Fernández, ha introducido nuevos procedimientos heurísticos en la proyectación.
Se trata de incorporar a la mirada y a los propios recursos, las pautas que resulten posteriormente “validantes”. El proyecto se valida en tanto procedimiento. Este se autoconfigura y equilibra, confina al arquitecto al monitoreo de procesos ingeniosamente incorporados y descubre rápidamente el carácter más puramente estratégico de las decisiones.
No se separa de los saberes tradicionales del arquitecto, sólo incorpora un movimiento de control alternativo, el arquitecto deja su posición convencional y recorre la geografía conceptual con otras vestiduras.
Este modo operativo viene a eximir al arquitecto de su subjetividad (entre otras cosas). Esta actitud es tomada como alternativa, y es a mi juicio, resultante de asumir culpabilidad, una reacción de la disciplina a décadas de antojos hipersubjetivos.
Reconozcamos que este planteo no resulta una mera situación de cambio respecto a una moda o “modo de hacer” (en el sentido de materialización). Este planteo, que flota constan-temente en los espacios de la Facultad, se instala, y reduce la historia del proyecto a la nada, pulverizando las básicas certezas (lo que no sería tanto), desestabilizando todo el aparato pe-dagógico y sus estructuras de comunicación. Estas parecen caer en una obsolescencia alarmante, obligando a la docencia a ensayar rescates y urgentes reformulaciones que le permitan operar en este contexto.

EL CLIENTE TENÍA RAZÓN

Algún día me tomaré un rato para escribir todo lo que hemos reflexionado sobre los clientes.
Adelanto que he apostado mi opinión sobre un lugar poco común en los fueros de las oficinas de arquitectura, pero que a esta altura de los hechos y por la via que fuera, ha penetrado lo suficiente y empieza a tomar aunque con sorna, un lugar en la pared de la oficina: el cliente tiene razón.
De todos modos, diría que lo más común es escuchar en cada rincón de un estudio, maldecir a los clientes que entorpecen, malinterpretan, ignoran todos los procesos de la concreción de la arquitectura, pero, (pobres incomprendidos de nosotros) lo peor es que jamás logran vibrar en sintonía de la búsqueda real del arquitecto. Bueno, de todo esto, NADA.
Partamos de la idea que el arquitecto NO TIENE RAZON. [Para lo cuál existen varias razones]
Los arquitectos ocupamos un lugar curiosamente prescindible de cada uno de los procesos que creemos dominar. De más está decir que el ochenta por ciento de la arquitectura de la calle nunca fue pensada por un arquitecto, como tampoco la mayoría de la ciudad, ni el propio territorio, pese a los esfuerzos, a veces patéticos, de quienes siguen (o seguimos) creyendo en esta "profesión". No es mala idea reconocer que esa franja de tareas propias de algún arquitecto parece reducirse a aquello que, la sociedad levemente organizada, ha depositado en este profesional que entiende de unas cuantas cosas, pero, fundamentalmente, puede organizar esta cuestion de construir mientras la sociedad hace lo que verdaderamente quiere (o debe) hacer.
Esta reducida área de accion, que podemos analizar profundamente desde el punto de vista que se quiera y en el correr de la historia, pierde cada día más incidencia y parece devenir, casi inexorablemente, en áreas periféricas a las que toda la vida soñó la Arquitectura, en su más enérgica pro-actividad, desde comienzos de la civilizacion, hasta la utopías más fulgurantes que hasta nuestros días impulsan gran parte de las miradas colegas que optimistas, rescatan una ética de acción a partir de colectivos sobreentendidos.
Esta mole que se alza sobre mis hombros cuando tipeo esta nota, no ha dejado de ser la madre de nuestras acciones, la conciencia de la decisión, la guía de las dudas y la moral de los hechos. Y también ha sido, el profundo calado que impide transitar en aguas livianas, de poca profundidad, justo ahora, cuando la realidad exige una dinamica de surfer.
Queria ensayar sobre la manera que estos tiempos conforman nuestra decadencia: la reducción indiscutible de la incumbencia, la subjetividad prejuiciosa del arquitecto (de acuerdo, esto es cosa nuestra), y la pésima imagen de hoy, ocupando siempre las segundas posiciones de cuanto proyecto relevante se presenta, cuando no las fotos sociales de revistas de moda, desesperados por formar parte de una "elite activa", que legitime el éxito que anticipa el logro de alguna publicación. ¿Qué nos queda para trabajar seriamente con un cliente? ¿Qué parte de aquello establecido ha permanecido en su mirada sobre nuestro quehacer que todavía nos llama por teléfono?
Cada día me cuesta convencerme que el cliente nos necesita. Aunque sostengo que aun nos queda una parte importante para conquistar, para develar. Pero por ahora, deberemos modestamente acompañar el lado de su precariedades, intocables y verdaderas. Trabajar con modestas actitudes cuestionadoras pero no mucho, y la consistente conviccion de que siempre, de algun modo TIENE RAZON.
Así dicho, no queda ni planteado. Pero sólo lo transcribo desde mi desordenada memoria por las mil discusiones estériles que he presenciado respecto a cómo debemos interactuar. Y que asi, de apuro, sólo adelanto la invariante de todas ellas:  la obviedad del título.

POÉTICA

Hablar de poética en la arquitectura suele traernos dificultades.
Suele confundirse la poesía del relato con la poesia de la obra.
La poesía en la arquitectura es inherente, indescriptible, exclusivamente perceptiva, y como tal una mezcla de sensaciones intranferible.
Como cualquier relato, la verdad radica fuera de él y el mismo ensaya solamente una mirada.
Pero aun asi, disfruto hablar poéticamente de la arquitectura, sabiendo y creyendo que el relato descubre y comunica lo que, por obvio, no sería necesario.

PROYECTAMOS ARQUITECTURA O ARQUITECTURIZAMOS PROYECTOS?

Esta pregunta surgió durante una reflexión muchos más amplia, en el desarrollo de la tesina de Taller.
Me ronda en la cabeza más allá del juego de palabras.
Creo que en esa dicotómica cuestión está una nueva visión de lo que entiendo deberíamos procurar instalar.
Instalar una actitud necesariamente diferente respecto a la genética de la práctica proyectual de arquitectura.
Genética de la práctica, algo como el reconocimiento de los episthemes básicos y operativos del proyecto. PERO NO para proteger su natural evolución en tanto proyecto de cosa, sino como parte de lo que en realidad hoy es "un proyecto".

POR QUÉ SÍ?

La práctica docente en el área de Proyectos, ha basado, al menos últimamente, su guia experimental en la pregunta "por qué no?".
Varias son las razones operativas que traen facilmente al ámbito dicha pregunta.
Por qué no escapamos de la rutina intelectual y de los procesos incorporados como instrumento de hacer?
Por qué no cuestionamos lo entendido como cierto para construir una nueva fundación?
Por qué dar por cierto el hábito que hace al monje?
Por qué no escapar de los modelos que imperan?
Por qué no?
Esta sumatoria, transformada en rutina, ha sido el leitmotiv de las miradas docentes de nuestra materia estas últimas décadas. Hemos cuestionado todo el andamiaje intelectual, los saberes operativos, y las propias estructuras de validación. Y eso ha estado muy bien.
Pero, a cuenta de mayor desarrollo, hoy me cuestiono la extensa duración en el ámbito académico de dicha actitud. Creo que esta operativa ha ido introduciendo en nuestro corpus de saberes, ya con excesiva fuerza, la endémica mecánica de la desestabilización, al punto de disfumar lo establecido, fundador y genéticamente inapelable (?)
Sospecho que deberíamos introducirnos lentamente en una era de decantación, de refundación. Haciéndola desde lo que queda de raiz, apelando a los saberes firmes, actualizados y continuados. Hacerlo por la necesaria refundación del saber qué y saber cómo. A nuestro oficio le hace falta.
Y a nuestra materia, entiendo que estaría bien someterla, por un buen rato, a la otra pregunta:
Por qué sí?

DECIR Y/O HACER | el negocio de la arquitectura

Para quienes hemos apostado a una acción continua y comprometida con esta profesión, no es fácil encontrar una respuesta.La arquitectura y la construcción han pasado momentos complicados por estas latitudes. Y cada vez se parece más a una cuestión de "mercado".
El diseño y la imagen, afiliada cuanto más se pueda a una línea reconocida, pueden ser las razones de un SI o un NO para funcionar en este negocio.
Es que la arquitectura es un negocio. Seamos prácticos, honestos, inteligentes y sensibles. Para lo que sea que la arquitectura se practique, hoy es necesario entenderla como un negocio.
Negocio: esta palabra, este concepto lleno de presiones, juicios (prejuicios) y miradas críticas es la raíz básica de la arquitectura. Asumámoslo.El negocio, en sentido amplio, la plusvalía generada a partir de la conformación de un hecho. Entonces en la arquitectura, negocio es todo, y todo es negocio: desde la rentabilidad económica, la evaluación de recursos, el rendimiento energético, la calidad y la elección de tecnologías y suministros.Negocio es la estrategia de defensa del capital, el rédito de las prestaciones y el horizonte rentable de su evolución.
En arquitectura negocio es una mirada compleja sobre la órbita política y la renta del capital, el servicio rentable, y la fórmula virtuosa del bien social.
En la arquitectura, el diseño es la llave de muchas de estas fórmulas. Una buena arquitectura es aquella que sostiene la productividad del capital, promueve valores culturales y respalda las innovaciones del progreso, sosteniendo los riesgos desde la guardia constante que implica una mirada lúcida al escenario y una estrategia firme, consistente y compartida para hacer.

La arquitecura es negocio, la buena arquitectura es un BUEN NEGOCIO.

MEMORANDUM | después de unos años de compartir la mesa.

Cuando en 1988 tiramos la idea de comenzar un estudio de arquitectos, apenas asomábamos a la realidad profesional descubriéndola en la corta experiencia individual de cada uno. Esta ilusión fue construida con base en un romanticismo inocente que despierta esta profesión. Nos conectaba una fuerte vocación y en cierto modo, una mirada simple, compartida y abierta, que fue forjándose hasta consumarse en criterio individual y colectivo.
Esta frágil certeza, casi como un acto de fe, ha sido el basamento de nuestro equipo y para beneficio de todos, se ha transformado en el apoyo inseparable de nuestras individualidades.
Luego de estos veinte años de actividad, es tan vasto el abanico de trabajos, concursos, encargos y emprendimientos, que podríamos afirmar que nada de la arquitectura nos ha sido ajeno. Esta mezcla de suerte y padecimiento pudo sostenerse desde varios factores, el primero, una razón de números: hemos sido cuatro socios desde siempre, esa apertura de oídos, ojos e intereses, ha terminado siendo una red de captura así como el aparato de respuesta que hemos tenido. Aquello de que cuatro ojos ven más que dos, en nuestro caso han sido ocho. Esta condición fue construyendo una modalidad de trabajo, una razón de confianza, y el progresivo incremento de posibilidades y encargos nunca nos rectifico lo que naturalmente ha ido formalizando: un estudio polifacético y abierto.
Esta constitución ha sido lo que ha despertado los variados intereses del estudio. Nunca nos negamos a pensar y trabajar en cualquier iniciativa que nos sedujera, así nos vimos involucrados en proyectos editoriales, publicidad y diseño gráfico, diseños de vestimenta, además de ocupar posiciones políticas gremiales y toda orbita naturalmente ligada con la profesión. Los concursos, los trabajos de mayor escala, los proyectos y planes urbanos, todo en conjunto pudimos dedicarnos con una atención esmerada, impulsada por la ilusión y la energía que provoca el descubrimiento y la ansiedad de superación.
La múltiple acción de nuestra práctica no puede ser separada en ningún momento de la faz académica que hemos desarrollado con continuidad. Algunos llegamos a estudios de posgrado y actuaciones académicas constantes que manifiestan inequívocamente una vocación por el conocimiento y una actitud sobre nuestra disciplina, la que abrazamos más que como un trabajo, como una razón de vida. Creemos que esta es una de las razones claves para leer nuestra variada producción, la que no puede ser entendida además, sin el reconocimiento del lugar que ocupamos, en esta latitud del planeta y en este costado del Plata.
En esta corta muestra, queremos presentar un poco más que unas cuantas fotos de arquitectura, o un cúmulo de datos biográficos. Queremos compartir una actitud profesional que se reflexiona sobre ellas y una variedad de condiciones y escalas que la ponen a prueba.
Mas allá del análisis, esta muestra no intenta montar una red de captura ni justificar una posición profesional, este currículo abierto nos expone tal como hemos querido ser, un estudio atento a los flujos reales del trabajo de todos los días; un estudio reflexivo y crítico de sus propias actuaciones y fundamentalmente, exponentes de una época desafiante, donde la profesión se redescubre cada día, se cuestiona sus límites y seguridades para dar paso a las incertidumbres más variadas, planteadas como los insumos más motivantes del invento diario de la disciplina.
Y como representantes de esta época, queremos reafirmar nuestro compromiso con el hacer, desde la convicción de que la construcción existe y que las dificultades se sortean en la acción, dinámica y sensible, comprometida.
Creemos en una profesión activa, responsable y propositiva. Creemos en el proyecto como instrumento de transformación social. Creemos en nuestros instrumentos y recursos.

SOBRE EL AUTO CAD 2008 | comentarios desde una mirada docente

Pasaré por encima unas cuantas cosas que se deberían aclarar para contextualizar mis comentarios.
Tengo 47, hace rato que soy arquitecto, hace rato que veo AUTOCAD en todas las maquinas del estudio, hace rato que no puedo prescindir de este instrumento, hace rato que manejo unas cuantas aplicaciones Apple y PC, en fin, soy un usuario cautivo de la computación y me escindo vehementemente de toda definición general que suele caer sobre mi generación respecto a la informática.
Pero más que nada, soy docente, fui docente de Expresión Gráfica (cuando asi se llamaba) y he experimentado todo "lo analógico" para reproducir documentos de arquitectura, desde técnicos hasta artisticos. Y también he compartido muchos experimentos respecto al rol de la graficación en los procesos del diseño, por ende, la construccion de la plataforma "creativa" del arquitecto.
Todo esto me impide analizar el curso "a secas", el cual entiendo, además de confiar, que es lo que se debe impartir para "aprender" la técnica que implica y tomar un camino propio en el manejo de estos instrumentos.
Al lado mío tengo pibes de introductorio……….
(cuando el profesor habla de "cotas" de "acumuladas" geometria descriptiva en general…me hace gracia pensar el tamaño del signo de pregunta dentro de sus cabezas) NO es crítica, es contexto.
Y todo lo que se me ocurre, como comentario y ya que se me pide, tiene que ver con los procesos reflexivos y estructurales que de algún modo estos procedimientos imprimen en la formación de los estudiantes.
Sin caberme alguna duda de que es EL tema del diseño asistido en todas las etapas, no puedo dejar de referir los procedimientos que se enseñan a esa imaginable configuración de las cosas que estos modos operativos implican.
Construir el amplio marco referencial de la disciplina, para actuar en y desde ella, implica entender el mundo como un todo, variable, diverso, complejo, caótico, inasible, pero aunque la disciplina hoy luche por desprenderse de las improntas euclidianas y las lecturas convencionales del orden como hipótesis finalista de la concepción del universo, no hay dudas de que la informática ha introducido en esa concepción ejes inesperados y se han trasformado en una maquinaria de información que dinamiza y exige (como nunca antes) LA DECISION.
De ultima, LA DECISION es el epicentro de la problemática técnico-humana que implica nuestra disciplina. Y salteando todo un profundo análisis de las diversas ópticas que ella implica, convengamos de que este maravilloso instrumento debe (o debería) ser un atajo incuestionable hacia allí.
Y mientras, en el camino, aplaudimos y agradecemos todas las facilidades "operativas" que la programación nos da. Se sabe.
Ya para siempre se abandona el tablero de dibujo, el lápiz pasará a ser una excentricidad de nostálgicos (y mis dibujos valdrán cada día más, aunque a nadie le interesen) y sólo por rara avis, más que por su calidad.
Pero nada de eso es nostálgico ni debe llamar a tontas rebeldías. Allá vamos, aunque no queramos.
Y yo quiero aprender Autocad para seguir creciendo (y para no tener que pedir a los jóvenes cualquier insignificancia dibujada…que además me la cobran!!)


Quiero, de todos modos, hacer algún aporte, ya que se me permite.
(Adelanto que podría anticipar muchas respuestas que alguien me querrá dar)
Entiendo imprescindible enfocar el programa (Autocad) como un universo de instrumentos y operaciones clasificadas. Estudiarlo.
Hablar y reconocer ese universo antes de manejar el mouse sería muy didáctico, al menos para quienes aprenden incorporando de un modo reflexivo. Y sería muy universitario en cuanto a su espíritu. Aporta hacia la independización o liberación del estudiante y constituye un básico reconocimiento de límites y conceptos. Podría ejemplificar.
También entiendo que se produce (involuntariamente) una suerte de ensimismamiento sobre las operaciones y sus implicancias. Esto acarrea un autismo procedimental que causa una endogamia innecesaria (para el curso). Aunque entiendo perfectamente el "causa-efecto".
Creo que el programa ofrece, cada vez más, una interfase intuitiva y ciertamente analógica que se debería explotar más. Entiendo que esa es una virtud de la evolución de un programa que nació grande y complejo. ( y opino, que parte de la mirada que el curso dicta, está recostada a procedimientos anacrónicos, a los cuales Marcelo a desarrollado con mucha profundidad y los tiene indudablemente incorporados)
Hablar con autoridad del universo de la geometría descriptiva y a veces analítica es virtud de pocos y dificultad de muuuuuchos.
Y creo que el programa tiende a distender esa necesidad, operando con más insistencia sobre la intuición y el sentido común. Un sentido común que se ha desarrollado a partir del reconocimiento de la arquitectura del programa, conceptualmente, lo que decía en el primer punto.
Anécdota: suponer que la virtud de productividad y velocidad de un programa de este tipo radica en no teclear el cero antes de la coma para ahorrar "un paso" es cómico. El concepto de "ahorro" que se maneja permanentemente no necesariamente es un bien. La productividad que nos ofrece el programa no radica exclusivamente en la velocidad. Hay operaciones que tienen que ver con los procesos, como el "dibujar creando" que debe expresamente prescindir de esas máquinas de ayuda. Y no hablo de menospreciarlas, hablo de no sobreestimarlas!
No obstante, reconozco que es la primera vez que enfrento seriamente al programa, y la primera vez que tengo delante un Profesor que conjuga muchas virtudes que se le suman a las propias del Autocad. Profundiza, entiende y conoce el instrumento como nadie, es docente calificado de Proyectos y debe lidiar con todas estas cosas que ligeramente he comentado. Un lujo, que ya sabía y ya había comentado.
Pero nobleza obliga, y reconozco que tal vez parte de estas ideas están sostenidas desde mi ignorancia. Si ese fuera el caso, ya me convenceré.
Y como dijera la filósofa activista M. Casán…"me dan lo que yo esperaba, pero espero mucho más"…

Montevideo, 28 de setiembre del 2008